Sombra aquí, sombra allá…

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Sombra aquí, sombra allá…

 

En uno de sus últimos artículos David Topí nos presentaba a su sombra. Hoy os presento a la mía…:

Un híbrido entre el Ursa de la peli After Earth y del Alien Predator… cuando lo vi por primera vez en meditación me quedé literalmente paralizada de miedo. Mi propio miedo me dejó inmovilizada. Una sensación realmente increíble.

Días después, envalentonada a quitarme eso de encima, me atreví a volver a llamarlo en meditación para hablar con él, conocerlo, entenderlo, liberarlo y que a su vez él me liberara a mí y la verdad es que está siendo un proceso más que curioso y supongo que será algo que deberé ir haciendo toda la vida puesto que cada día acumulamos cosas de estas.

Al principio, era algo terriblemente aterrador, una sombra enorme, densa, que gritaba, que lo tenía por detrás de mi hombro babeándome, echándome el aliento y no era capaz de ponerlo frente a mí, de mirarlo.

Después lo he visto con la silueta más formada, y cuando conseguía hablarle y preguntarle sólo emitía alaridos profundos y desgarradores. Vivía (y sigue viviendo) dentro de un tipo de celda por el que a través de una pequeña ventana con barrotes podía ver un paisaje soleado precioso, esa celda estaba en medio de un campo de flores, y posteriormente entendí que aquello era mi corazón o mi cuarto chacra o algo así. Dejé la puerta de la celda abierta diciéndole que le liberaba pero no quería salir, la belleza del lugar era demasiado para él, no sabía vivir en ese entorno tan bonito…aunque últimamente se atreve a salir unos metros y vuelve a entrar…

En otra ocasión, yéndole a ver expresamente para arreglar lo nuestro me sorprendí al ver que cuando le dije que habláramos, dentro de la celda, por tandas de 10 en 10 más o menos iban entrando grupos de personas caracterizadas de diferente manera que se ponían en semicírculo alrededor mío y que representaban mis miedos. La suma de todos ellos daba como resultado el monstruo aterrador.

Fue agotador y estresante, salía un grupo y volvía a entrar otro para que los viera, los reconociera y los liberara, no se acababa nunca. Era como pasar audiencia. Y sé que hay muchísimos más! La de faena que tengo!

Esos miedos “pequeños” eran los que hacían grande al monstruo y a medida que les pedía que salieran de la celda, mi sombra o mi monstruo se tranquilizaba un poco o dejaba de ser tan aterrador…

Me sorprendió que uno de los grupos que entraron fueron unos hombres vestidos de militares y que uno de ellos, con un arma, no sé si por error o por qué, disparó al techo y se abrió un boquete por el que podía entrar la luz. Era mi luz. Mi propia luz antes no podía entrar en mí. Qué triste…

Han pasado unos días y algún bajón que he tenido ha vuelto a reparar el techo de la celda y mi fiera se ha vuelto a hacer un poco más fuerte. Ya sabéis que en casa del herrero cuchillo de palo… jeje…

Sin embargo, cómo ya sé cómo es el monstruo parece que me es más fácil aprender a  mirarlo y saber qué hacer con él.

Os lo cuento para animaros a que saquéis fuerza para enfrentaros una primera vez con vuestros propios miedos, de la manera que sea, ya veréis que las siguientes, aunque sigan siendo duras, serán más llevaderas.

Y que mensajito me enviaron mis guías a esto, pues: “levántate y brilla”. Y en eso estamos!

Besitos.

 

By | 2014-03-22T17:34:01+00:00 marzo 22nd, 2014|Blog, Sin categoría|0 Comments

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